
Natalia Cisneros, Peter Cronkleton y Dominique le Roux (CIFOR-ICRAF), Mario E Rueda Hernández, Héctor M Martínez Viloria, Juan Felipe Lazarus, Ángela P Barrero Hernández y Anny P Zamora Bornachera (INVEMAR), Marcela Galvis Hernández y Martín Gaona (FAO Colombia)
El proyecto Paisajes Sostenibles fue diseñado para abordar los desafíos medioambientales y de gobernanza complejos de la Ciénaga Grande de Santa Marta (CGSM), el sistema estuarino costero más grande de Colombia. Implementado mediante un enfoque de Gestión Integrada del Paisaje (GIP), el proyecto buscó fortalecer la gobernanza ambiental al mismo tiempo que puso a prueba estrategias innovadoras para mejorar los medios de vida locales en un contexto marcado por la degradación ecológica, la fragmentación institucional, y los bajos niveles de confianza entre los actores del paisaje.
Coordinado por FAO Colombia e implementado por el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (INVEMAR), el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y WWF, y financiado por la Unión Europea en el marco del programa Herencia Colombia, liderado por Parques Nacionales Naturales de Colombia, el proyecto trabajó de manera articulada entre escalas y sectores. El enfoque de GIP proporcionó un marco para involucrar a instituciones gubernamentales, comunidades de pescadores artesanales, emprendimientos liderados por mujeres, organizaciones de la sociedad civil y actores del sector privado en torno a desafíos compartidos, particularmente en materia de gobernanza del agua y restauración de ecosistemas.
Un énfasis central del proyecto fue la reconstrucción de relaciones entre actores e instituciones históricamente marginados, cuyas interacciones y tejido social se habían debilitado debido al conflicto armado, el desplazamiento y la presencia institucional intermitente. A través de procesos inclusivos y participativos, el proyecto contribuyó a la creación y fortalecimiento de plataformas multi-actor, facilitó el diálogo entre espacios de gobernanza fragmentados y promovió la resolución colectiva de problemas.
El proyecto también evidenció la importancia del aprendizaje adaptativo e iterativo. Soluciones técnicas —incluyendo innovaciones para el manejo de remoción de macrófitas y la gestión pesquera— fueron co-diseñadas y probadas junto con las comunidades, permitiendo alinear objetivos ambientales con beneficios para los medios de vida. En algunos casos, estas soluciones evolucionaron hacia actividades productivas autónomas generadoras de ingresos lideradas por grupos comunitarios.
Si bien la construcción de confianza y la consolidación institucional continúan siendo desafíos en curso, la experiencia en la CGSM demuestra cómo la GIP puede contribuir a enfoques de gobernanza territorial más coordinados, participativos y resilientes en sistemas socioecológicos complejos.

Sobre el paisaje
La Ciénaga Grande de Santa Marta (CGSM) es el sistema estuarino costero más grande de Colombia, ubicado principalmente en el departamento del Magdalena, en el Caribe colombiano. Es reconocida como Reserva de Biósfera y sitio Ramsar, abarcando más de 500,000 hectáreas y proporcionando servicios ecosistémicos clave como la pesca, la regulación hídrica, la captura de carbono, la conservación de la biodiversidad, el valor paisajístico y la identidad cultural de sus habitantes.
Los humedales sostienen los medios de vida de más de 4,000 familias de pescadores artesanales en 26 municipios circundantes, incluyendo comunidades palafíticas y continentales cuya seguridad alimentaria depende directamente de la salud del ecosistema. Estas comunidades poseen conocimientos ancestrales profundos sobre las dinámicas estuarinas y reconocen la estrecha interdependencia entre el funcionamiento del ecosistema y el bienestar humano.
A pesar de su importancia, la CGSM enfrenta presiones ambientales significativas. El desarrollo de infraestructura — en particular la construcción de carreteras que han bloqueado las entradas naturales de agua — ha interrumpido la conectividad hidrológica y alterado los regímenes de salinidad, contribuyendo a la degradación de los manglares y la proliferación de macrófitas. Estas presiones se ven agravadas por la expansión agroindustrial no regulada, la sobrepesca y la contaminación hídrica, lo que ha provocado una pérdida generalizada de la funcionalidad ecológica.
Estos desafíos ambientales se ven intensificados por limitaciones en la gobernanza efectiva entre las instituciones públicas y los actores locales. El conflicto armado y las dinámicas asociadas al narcotráfico han generando desplazamientos, tensiones y desconfianza generalizada, debilitado el tejido social y restringiendo las posibilidades de colaboración. Como resultado, las relaciones entre instituciones y comunidades han sido con frecuencia fragmentadas, reduciendo la legitimidad y la eficacia de los esfuerzos de gestión ambiental.
En respuesta a este contexto, el proyecto Paisajes Sostenibles fue diseñado para fortalecer la gobernanza ambiental y promover enfoques más coordinados con en la gestión del paisaje. Aunque la construcción de confianza entre los actores del paisaje continúa siendo un proceso en curso, el proyecto ha buscado fomentar la colaboración inclusiva entre escalas y sectores, reconociendo que la sostenibilidad a largo plazo en la CGSM depende de reconectar los procesos ecológicos, las instituciones y las personas que dependen de ellos.
Las dimensiones de la GIP en la Ciénaga Grande de Santa Marta
El enfoque de Gestión Integrada del Paisaje (GIP) permite analizar cómo distintas dimensiones emergen e influyen en el éxito de intervenciones territoriales complejas. La GIP promueve la coordinación entre diversos actores, sectores y niveles de gobernanza, y suele estructurarse en torno a seis dimensiones clave:
- identificación y participación de las partes interesadas
- promoción de procesos multipartitos
- el desarrollo de una visión paisajística común
- institucionalización de los mecanismos de gobernanza
- gestión adaptativa e iterativa
- desarrollo de soluciones técnicas y políticas específicas para cada contexto
Este estudio de caso examina el proyecto Paisajes Sostenibles a través de las primeras cinco de estas dimensiones, mientras que la sexta se integra de manera transversal a lo largo del análisis. Las siguientes secciones ilustran cómo estas dimensiones estuvieron presentes en distintos aspectos del proyecto, generando aprendizajes relevantes para la sostenibilidad y la gobernanza
de la CGSM.
Los ecosistemas presentes en la CGSM son fundamentales para los medios de vida de sus habitantes, quienes dependen de ellos para su seguridad alimentaria y generación de ingresos. A través de la aplicación del enfoque de GIP, el proyecto Paisajes Sostenibles ha buscado abordar los desafíos ambientales al tiempo que fortalece la resiliencia de las comunidades locales mediante esfuerzos colaborativos.

Identificación de actores
El conocimiento acumulado por INVEMAR tras más de tres décadas de investigaciones y monitoreo costero en la CGSM, junto con su presencia institucional en el área, han sido clave para identificar actores relevantes y facilitar procesos de gobernanza desde el inicio del proyecto. Además, la experiencia previa de INVEMAR con el proyecto Desarrollo Local Sostenible y Gobernanza para la Paz (DLSGP), financiado por la Unión Europea, proporcionó un punto de partida para identificar comunidades pesqueras, asociaciones de mujeres y líderes comunitarios. Esta experiencia mostró a INVEMAR y sus aliados la necesidad de abordar de manera integral los retos sobre el uso del suelo y del agua en un ámbito geográfico más amplio.
Los pescadores artesanales –tanto organizados en asociaciones como quienes trabajan de manera independiente– son actores clave que sostienen los medios de vida de más de 4,000 familias pesqueras dispersas en los 26 municipios que rodean el sitio Ramsar. Entre ellos destacan comunidades como Buenavista, Bocas de Cataca y Nueva Venecia, representantes de una cultura anfibia y poseedoras de conocimientos ancestrales sobre las dinámicas del ecosistema, donde los pescadores son reconocen la interdependencia entre la salud del ecosistema y el bienestar de la población. Un ejemplo de organización colectiva pesquera es la Asociación de Pescadores Artesanales Unidos por la Recuperación de Puerto Caimán (ASOPCAIMAN), la cual captura responsablemente jaibas (cangrejos azules estuarinos, Callinectes spp.) para abastecer a una empresa que procesa, enlata y exporta su carne. Otro tipo de actores locales son las diversas iniciativas de turismo comunitario. Muchas de ellas son lideradas por mujeres y buscan diversificar los ingresos al tiempo que conservan el paisaje y su biodiversidad. Durante el proceso de identificación de actores, se mapearon iniciativas locales como Mangle Mi Huella Verde, un emprendimiento dedicado a la transformación de plásticos de un solo uso, que posteriormente fue fortalecido a través del proyecto Paisajes Sostenibles. También se identificaron emprendimientos liderados por mujeres. Aunque a menudo están excluidas de la pesca directa, han asumido roles clave en la transformación del producto y la gestión empresarial, contribuyendo a una mayor equidad de género dentro de estas cadenas de valor. Entre estos destaca la Fundación para el Desarrollo del Magdalena (FUNDAMAG), que trabaja en turismo y la restauración de manglar de la CGSM, involucrando innovaciones tecnológicas como el uso de una máquina desarrollada durante la implementación del proyecto para la recolección y procesamiento de macrófitas — grandes plantas acuáticas flotantes utilizadas en artesanías.
Las grandes agroindustrias bananeras, de aceite de palma y de ganadería son también actores influyentes en la región debido a su poder económico y su papel en la generación de empleo significativo para la región. Sin embargo, también han sido fuente de conflictos, principalmente ambientales, relacionados con el uso inadecuado del agua y la contaminación derivada de fertilizantes que se filtran a los cuerpos de agua.
Las instituciones públicas suelen ser bien recibidas por las comunidades, aunque pocas son ampliamente reconocidas en el área. INVEMAR, sin embargo, es ampliamente conocido debido a su presencia continua en el territorio, su comunicación directa y respaldo científico para la toma de decisiones, lo que ha generado confianza y vínculos cercanos con los actores locales.
El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MinAmbiente), como entidad rectora de la política ambiental del país, es responsable de la administración del sitio Ramsar y de la Reserva de Biósfera, por lo que desempeña un papel central en la formulación de marcos normativos. Parques Nacionales Naturales de Colombia (PNNC), entidad adscrita al MinAmbiente, administra las dos áreas protegidas que conforman la Zona Núcleo de la Reserva de Biósfera: el Santuario de Flora y Fauna CSGM y la Vía Parque Isla de Salamanca. Aunque ambas áreas cuentan con mandatos ambientales complementarios, la complejidad de la gestión en la región supera sus capacidades técnicas, operativas y financieras.
La Corporación Autónoma Regional del Magdalena (CORPAMAG), como autoridad ambiental regional, desempeña un papel importante en la implementación de la política ambiental en la gestión del territorio. Sin embargo, ha enfrentado dificultades debido a la magnitud de los desafíos socioambientales en la región, lo que ha complicado su capacidad para crear vínculos estrechos con las comunidades locales, y ha afectado la percepción de su rol. La Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (AUNAP), adscrita al Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, es responsable de administrar los recursos pesqueros y acuícolas del país. Su presencia directa en el paisaje es limitada, lo que ha dificultado un manejo efectivo continuo del uso de estos recursos con actores locales. Aún así, ha trabajado de manera articulada con INVEMAR para incorporar los resultados del monitoreo pesquero en los procesos de manejo.

Procesos multi-actor
Entre las actividades iniciales del proyecto, se encontraban esfuerzos por apoyar el desarrollo de esquemas de gobernanza en el territorio. No obstante, a medida que avanzaba el trabajo, se hizo evidente que muchos de los espacios de coordinación existentes cumplían funciones más bien formales, técnicas o institucionales, pero raramente permitían una participación activa o continua por parte de los actores locales. Como resultado, estos actores locales participaban poco en los espacios de diálogo colectivos.
En ese contexto, y dada la centralidad que tomaron los desafíos relacionados con el agua en todo el paisaje, el proyecto promovió la creación del esquema de gobernanza que hoy se conoce como el Consejo Territorial del Agua, una estructura que actúa como paraguas para seis Mesas Territoriales del Agua. El Consejo Territorial del Agua fue formalizado por el MinAmbiente. Representa un modelo estratégico de gobernanza que integra diferentes niveles y tipos de actores en torno a una agenda común sobre el agua y la sostenibilidad ecosistémica.
Entre las plataformas multi-actor (PMA) relevantes para este proyecto, conviene destacar las siguientes:
El Comité de Coordinación para la Gestión Integral de la Ciénaga Grande de Santa Marta, creado por resolución del MinAmbiente, ha sido históricamente un espacio técnico e institucional con participación de actores nacionales y regionales. A pesar de su rol clave en la definición de estrategias de restauración y conservación del sitio Ramsar, su accionar se percibe como distante de las dinámicas comunitarias. La toma de decisiones en este espacio se ha visto limitada por la falta de continuidad institucional.
El Consejo Territorial del Agua (CTA) es una de las innovaciones más relevantes del proyecto. EL CTA es un espacio consolidado de coordinación entre múltiples actores del territorio. Bajo su estructura se conformaron seis Mesas Territoriales, integradas por comunidades e incluyendo productores, ONG e instituciones locales. Estas mesas apoyan el diseño de planes territoriales participativos y buscan implementar acuerdos de conservación, restauración y monitoreo. La iniciativa también busca generar confianza entre sectores históricamente segmentados, así como mediar conflictos socioambientales.
La Plataforma de Custodia del Agua es una alianza intersectorial impulsada inicialmente por WWF que facilita el monitoreo comunitario y la protección del recurso hídrico en zonas clave como los ríos Frío y Sevilla, y funciona como un referente por su modelo participativo e intersectorial. El proyecto Paisajes Sostenibles logró incorporar las cuencas de los ríos Fundación y Aracataca a esta iniciativa, aunque con distintos niveles de madurez y autonomía. Estas iniciativas sentaron las bases para procesos de gobernanza comunitaria más amplios.
La interacción con estas plataformas permitió que las acciones del proyecto tuvieran mayor legitimidad local, se fortaleciera el liderazgo comunitario y se facilitara la creación y el seguimiento de compromisos. Sin embargo, persisten desafíos importantes para consolidar una gobernanza ambiental y territorial efectiva, como la rotación frecuente de funcionarios públicos, la ausencia de autoridades locales en espacios clave y los desequilibrios de poder entre actores. Estos problemas se evidenciaron en comunidades como Bocas de Cataca y Remolino, donde la falta de organización, representación y claridad sobre sus propias demandas limitó su consolidación institucional en comparación con comunidades con procesos organizativos más avanzados, generando asimetrías en los espacios de toma de decisiones.

Visión común
Aunque el proyecto Paisajes Sostenibles no nació con una visión común del paisaje compartida entre los actores locales, sí partió de una problemática clara y compartida: la pérdida de funcionalidad ecosistémica de la Ciénaga y la desconexión entre quienes dependen de ella. Esta claridad, heredada de experiencias de INVEMAR y del proyecto DLSGP, permitió establecer una base común para avanzar hacia acuerdos colectivos.
La alineación de una visión común fue resultado de múltiples procesos, tanto formativos como participativos, incluyendo intercambios continuos de experiencias, mesas técnicas, talleres comunitarios y ejercicios de co-creación liderados por el proyecto Paisajes Sostenibles. Aunque los intereses y prioridades eran inicialmente locales y de corto plazo, el proyecto facilitó espacios donde los actores locales reconocieron interdependencias, especialmente entre comunidades aguas arriba y aguas abajo, así como distintas zonas geográficas del sitio Ramsar.
Aunque las visiones del paisaje varían según los territorios, surgieron varios elementos comúnmente valorados:
La urgencia de restaurar el ecosistema de manglar como estrategia para contribuir a la economía local (por ejemplo, pesca artesanal, aviturismo, medios de vida asociados a la cultura anfibia).
La necesidad de valorar el conocimiento tradicional de los pescadores locales y fortalecer la pesca artesanal como principal actividad económica y cultural de la región, así como su papel en el equilibrio del ecosistema.
La importancia de mejorar la gobernanza del agua, particularmente en términos de disponibilidad y accesibilidad.
La necesidad de una gobernanza multinivel y multi-actor más transparente, intersectorial e inclusiva.
Aunque la visión común proporcionó un punto de referencia útil, persistieron vacíos en cuanto a los mecanismos para implementarla: la falta de liderazgo, tensiones entre mandatos institucionales y barreras para alinear agendas entre escalas. Además, se evidenció una fuerte dependencia histórica de proyectos externos, lo que en algunos casos reforzó dinámicas de paternalismo institucional. Esta situación ha generado desafíos adicionales para la apropiación local de los procesos, especialmente en contextos donde la continuidad de los esfuerzos queda condicionada al financiamiento o acompañamiento técnico externo.

Institucionalización
El proyecto Paisajes Sostenibles buscó anclar sus acciones en estructuras ya existentes en el paisaje, reconociendo su valor normativo y simbólico. La CGSM cuenta con un sólido marco institucional: es Sitio Ramsar, Reserva de Biósfera, e incluye dos áreas protegidas –el Santuario de Flora y Fauna Ciénaga Grande de Santa Marta y el Vía Parque Isla de Salamanca–, lo que exige una coordinación efectiva entre entidades y una gestión coherente que cumpla con compromisos internacionales de conservación.
El proyecto apoyó el fortalecimiento del Comité Ramsar con el objetivo de vincular los avances en gobernanza territorial con compromisos nacionales e internacionales en materia de conservación. Este esfuerzo incluyó la actualización de la visión compartida sobre la gestión del agua, la participación comunitaria y la planificación ecosistémica. El proyecto impulsó un proceso de concertación que involucró a mas de 500 actores, en el que se incluyó el diálogo entre organizaciones comunitarias, grupos étnicos, entidades gubernamentales y el sector privado. De este proceso surgió la propuesta del esquema de gobernanza para la implementación participativa del Plan de Manejo del Sitio Ramsar. En febrero 2026, este plan fue adoptado mediante el Acuerdo 003 de 2026. Este instrumento, con un horizonte de 10 años, constituye hoy el marco estratégico para la conservación y el uso sostenible del sitio Ramsar. Su ejecución y seguimiento estarán a cargo de una comisión conjunta integrada por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y autoridades ambientales.
Uno de los desafíos más importantes actualmente es la institucionalización formal del Consejo Territorial del Agua, una estructura ya creada, operativa y con legitimidad local, que ha demostrado su valor como espacio de gobernanza multi-actor. A pesar de su funcionamiento y del reconocimiento recibido incluso a nivel nacional, la falta de herramientas que faciliten su operatividad –al igual que la de espacios similares en la región– ha limitado su sostenibilidad y su capacidad de incidencia en el largo plazo. En ese contexto, se espera que el proyecto entrante financiando por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF), GEF7-CGSM, dé continuidad a varios de los procesos de gobernanza existentes en el área, y contribuya a consolidar la institucionalización pendiente mediante la integración del Consejo en esquemas formales de gestión hídrica y ambiental desde el nivel nacional.
A pesar de estos avances, persisten barreras estructurales, como la fragmentación institucional, la alta rotación de personal en entidades clave (como CORPAMAG o algunas alcaldías locales), y la falta de recursos financieros y humanos sostenidos. Muchas autoridades locales carecen de personal técnico capacitado y de presupuestos adecuados para implementar los acuerdos construidos

Aprendizaje iterativo y gestión adaptativa
En un paisaje tan dinámico y complejo como el de la CGSM, fue necesario adaptarse a nuevas realidades socioambientales, incorporar lecciones emergentes y ajustar metodologías de trabajo a partir del conocimiento y la experiencia locales.
Una de las causas subyacentes de la degradación del ecosistema ha sido la proliferación de macrófitas, en gran medida provocada por cambios en la salinidad del agua. Estos cambios se originaron tras la construcción de infraestructura vial –particularmente la carretera– que bloqueó la mayoría de las entradas naturales de agua salada que antes ingresaba con la marea. Esta pérdida de conectividad alteró la dinámica estuarina y contribuyó al crecimiento excesivo de plantas acuáticas flotantes.
En este sentido, el trabajo con la comunidad identificó que la proliferación de macrófitas constituía un problema urgente, ya que afectaba tanto la navegabilidad como la salud del ecosistema. Hasta entonces, las macrófitas eran tradicionalmente recogidas a mano. El equipo técnico, junto con las comunidades,
–quienes conocían las técnicas más eficientes para recolectarlas– co-diseñaron una máquina para mecanizar este proceso. A través de esta colaboración, se logró recolectar aproximadamente una tonelada de macrófitas durante una prueba piloto de dos horas. La solución resultó tan efectiva que el grupo comunitario que lideró esta iniciativa actualmente ofrece servicios independientes de despeje de canales para el transporte acuático, generando ingresos propios.
Un caso emblemático de gestión adaptativa fue el uso de nasas modificadas –unas trampas en forma de cajas– utilizadas en la pesca de jaiba. Estas estructuras de malla fueron diseñadas con ventanas de escape para permitir que individuos de menor tamaño –que aún no alcanzaban la madurez sexual, crítica para una pesca sostenible– pudieran salir. Sin embargo, INVEMAR observó que algunos pescadores tapaban estas ventanas para maximizar la captura. Esto sugería que la funcionalidad de la nasa –y su valor ecológico– no había sido apropiada por los usuarios, quienes no comprendían plenamente sus beneficios para el ecosistema y continuaban priorizando ganancias individuales de corto plazo.
Frente a ello, se suspendió temporalmente el uso de las nasas y se diseñaron experimentos participativos con los pescadores. Estos demostraron que, al liberar jaibas pequeñas, el tamaño promedio de las capturas aumentaba. Esta evidencia permitió que los pescadores comprendieran los beneficios de la práctica, lo que llevó a su adopción voluntaria. Este caso reflejó la importancia del aprendizaje iterativo: no basta con introducir soluciones técnicas si no son entendidas e interiorizadas localmente. Para que las prácticas sean sostenibles, deben construirse a partir del diálogo, la evidencia contextual y la validación colectiva.
La participación activa continuó a través de sesiones de retroalimentación, mentoría, y diálogos adaptados al contexto, que permitieron ajustar las estrategias en función de las experiencias en terreno. En las comunidades palafíticas –donde habitan las culturas anfibias– por ejemplo, se redefinieron zonas prioritarias de restauración según los intereses comunitarios. La cantidad de agua también fue monitoreada con el conocimiento de actores locales, quienes ayudaron a interpretar los cambios según los ciclos de marea, las lluvias o descargas de residuos.
Sin embargo, la efectividad de estos ciclos de aprendizaje depende en gran medida de la solidez de las relaciones construidas mediante esfuerzos previos de generación de confianza. En zonas donde persiste la exclusión histórica o legados de conflicto, las comunidades suelen no involucrarse de manera significativa sin una facilitación sostenida.
Conclusiones
La experiencia del proyecto Paisajes Sostenibles en la CGSM evidencia que la GIP no solo requiere herramientas y soluciones técnicas, sino también procesos sostenidos de construcción de confianza. Esta no se genera por decreto: se construye a partir de hechos concretos, del “ver para creer” y del aprendizaje práctico. El caso de las nasas para la jaiba azul demostró que, cuando los beneficiarios experimentan directamente los cambios tecnológicos, las transformaciones pueden ser tanto posibles como sostenibles en el tiempo.
Esta lógica también se refleja en la relación entre INVEMAR y las comunidades: su presencia territorial, coherencia técnica y capacidad de escucha han permitido generar vínculos sólidos que han servido de puente hacia otras instituciones. La confianza generada ha facilitado que actores previamente desconectados -como entidades nacionales y pescadores artesanales- comiencen a colaborar y a reconocerse mutuamente como socios legítimos.
En un contexto marcado por desigualdades y desconfianza histórica, este proceso constituye una base realista, gradual y transformadora para avanzar hacia paisajes resilientes e inclusivos.
Todas las fotos son cortesía de INVEMAR.
Publicado en mayo de 2026. Consulte el artículo definitivo publicado:
Para consultar más casos prácticos de la GIP, visite https://landscapesfuture.org/es/estudios-de-caso-de-la-gip/







