La seguridad del agua como puente en los altos Andes ecuatorianos

¿Qué hace falta para reunir a diversos actores en paisajes frágiles y disputados? En una parroquia de Ecuador, la respuesta resultó ser el agua.

Por Peter Cronkleton, Natalia Cisneros, Valentina Robiglio y Dominique le Roux (CIFOR-ICRAF); Néstor Santiago Luzón, Hilda Sofía Ayala, Pablo Moncayo Silva y Javier Jiménez Carrera (FAO Ecuador)

Al enmarcar la conservación en torno a la seguridad del agua -vital para los hogares, la agricultura y la seguridad alimentaria-, el proyecto Paisajes Andinos fue capaz de transformar la conservación de una fuente de resistencia en un punto de unión para la cooperación. La gobernanza del agua se convirtió en el eje que conectó a las comunidades indígenas, las juntas del agua, los gobiernos locales y los ministerios nacionales, incorporando la Gestión Integrada del Paisaje (GIP) a la toma de decisiones cotidiana.
Este caso no trata sólo de la protección de los ecosistemas de páramo que regulan el agua para miles de personas río abajo. Muestra cómo la GIP puede funcionar en la práctica alineando la conservación con los medios de subsistencia, creando espacios de gobernanza en los que las voces de las comunidades tengan peso e institucionalizando los acuerdos para que perduren
más allá de los ciclos de los proyectos. Destaca cómo las soluciones técnicas – como una nueva Zona de Protección del Agua –
se crearon conjuntamente con las partes interesadas locales y se respaldaron con marcos jurídicos, garantizando tanto la legitimidad como
la viabilidad a largo plazo.
Para los profesionales, las lecciones son claras: partir de una prioridad compartida, adaptar los planes a las realidades de la comunidad,
y utilizar espacios de gobernanza en los que la gente ya confíe. Para los donantes, el mensaje es igualmente poderoso: invertir en
la gobernanza participativa del agua refuerza la resiliencia mucho más allá de la conservación, fomentando la igualdad de género,
mejorando las economías locales y creando instituciones que puedan mantener los resultados mucho después del cierre de los proyectos.

Sobre el paisaje

Simiátug es una parroquia situada en la provincia ecuatoriana de Bolívar, que contiene un ecosistema de páramo de gran altitud situado entre 3.200 y 4.200 m sobre el nivel del mar, valorado por los servicios ecosistémicos vitales que presta. Este páramo desempeña un papel fundamental en la regulación del agua, incluyendo su retención y filtración, lo que es crítico tanto para el consumo humano como para las actividades agrícolas de las comunidades circundantes y de la parte baja de la cuenca.

Las cuencas hidrográficas de Simiátug son, sin embargo, sistemas socioecológicos frágiles sometidos a una presión cada vez mayor debido a prácticas insostenibles de uso de la tierra y a problemas de gobernanza. El sobrepastoreo y el uso del fuego para convertir la vegetación autóctona en pastos o tierras de cultivo han provocado la compactación del suelo, la erosión y la pérdida de vegetación autóctona, reduciendo la capacidad de estas cuencas para regular eficazmente los flujos de agua. Estas funciones hidrológicas se han visto debilitadas por la deforestación y la quema para el desmonte, reduciendo aún más la disponibilidad de agua para las comunidades situadas aguas abajo.

En este contexto, la gobernanza del agua surgió como una fuerza puente para los esfuerzos de conservación y gestión sostenible en Simiátug. Mientras que las iniciativas de conservación anteriores se enfrentaban a resistencias debidas a prioridades de uso de la tierra que competían entre sí, la alineación de las partes interesadas locales y gubernamentales en torno a la seguridad del agua fomentó la colaboración entre los distintos niveles de gobernanza y las partes interesadas de la comunidad.

Reconociendo la oportunidad que presentaba este contexto, el proyecto Paisajes Andinos -lanzado en 2020 y ejecutado por la FAO Ecuador con financiación de la Unión Europea- eligió Simiátug como uno de sus paisajes prioritarios para aplicar la GIP en la práctica. Al centrar el agua en su trabajo territorial, el proyecto permitió un enfoque de GIP más cohesionado, coordinado e impulsado por la comunidad, garantizando que las estrategias de conservación estuvieran directamente vinculadas al bienestar local. Activo en 15 parroquias de las provincias de Bolívar, Azuay, Cañar y Pichincha, Paisajes Andinos trabajó para restaurar las zonas degradadas, conservar los ecosistemas de páramo y fortalecer la resiliencia de las comunidades. El proyecto también buscaba integrar prácticas sostenibles en los sistemas de producción.

En Simiátug, el proyecto hizo especial hincapié en fomentar la colaboración entre una amplia gama de partes interesadas -incluidos organismos gubernamentales, comunidades locales, el mundo académico y representantes del sector privado- para desarrollar soluciones que alinearan las actividades productivas con los objetivos de conservación del medio ambiente, especialmente en relación con la producción lechera. Este esfuerzo participativo dio como resultado la creación del Área de Protección Hídrica de Simiátug (APH1) destinada a conservar el páramo y garantizar al mismo tiempo la calidad y la cantidad de agua necesarias para el consumo humano y la seguridad alimentaria.

El paisaje de Simiátug se ha convertido tanto en un espacio de aprendizaje como en un punto de referencia del potencial de la GIP. La experiencia del trabajo conjunto entre los actores territoriales brinda la oportunidad de explorar cómo la colaboración, la innovación y la gobernanza equitativa contribuyen a forjar un futuro resiliente para algunos de los ecosistemas andinos más importantes.

Dimensiones de la GIP en el paisaje de Simiátug

En el paisaje de Simiátug, el proyecto Paisajes Andinos aplicó los principios de la GIP para conciliar los objetivos de conservación con la producción sostenible y los medios de vida locales. La GIP es un proceso de utilización de estrategias adaptativas, inclusivas e integradoras para cambiar el comportamiento de los sistemas paisajísticos. Desde el principio del programa Landscapes For Our Future, el equipo del «Componente Central» del CIFOR-ICRAF desarrolló una tipología de seis «dimensiones» como hipótesis inicial sobre el GIP, sujeta a cambios a medida que avanzaba el aprendizaje junto con los proyectos del programa:

  • identificación y compromiso de las partes interesadas
  • promoción de procesos multipartitos
  • construir una visión común del paisaje
  • institucionalización de los mecanismos de gobernanza
  • gestión adaptativa e iterativa
  • desarrollo de soluciones técnicas y políticas específicas para cada contexto

Este estudio de caso examina cada una de estas dimensiones, aunque la sexta -adaptar las soluciones a las necesidades locales- no se aborda por separado, ya que está incrustada en toda la descripción de las acciones y estrategias del proyecto. Las siguientes secciones ilustran cómo cada una de estas dimensiones tomó forma en Simiátug, basándose en la gobernanza participativa, la colaboración intercultural y el compromiso compartido de restaurar y proteger el ecosistema del páramo.

Identificación de las partes interesadas

En 2021, el proyecto Paisajes Andinos identificó un ecosistema de páramo amenazado en Simiátug como prioritario para la conservación e inició un proceso consultivo participativo con las comunidades indígenas de esta zona basado en los principios del Consentimiento Libre, Previo e Informado (CLPI), a través del cual se obtuvo su consentimiento para colaborar en el proyecto. A partir de ese momento, el proyecto llevó a cabo una Evaluación Rural Participativa y ejercicios de cartografía de las partes interesadas para comprender mejor el contexto del paisaje. Este proceso incluyó consultas con comunidades indígenas, asociaciones de productores, juntas locales del agua, ONG e instituciones gubernamentales. Reveló la existencia de una compleja red de partes interesadas interconectadas que operan en múltiples niveles y sectores.

Tras identificar a las principales comunidades indígenas como actores centrales del paisaje, Paisajes Andinos estableció contacto inicialmente con 11 comunidades waranka kichwa situadas alrededor de la zona prioritaria del páramo. Durante la ejecución, el proyecto llegó a otras comunidades de la parroquia, llegando a relacionarse con 16 de las 17 comunidades (una comunidad declinó participar).

Las familias de estas comunidades dependen principalmente de sistemas agrícolas mixtos, que producen diversos cultivos, como patatas y ajo, así como pequeños rebaños de ganado lechero. La producción artesanal de queso constituye una de las principales fuentes de ingresos de estas familias. Sin embargo, los sistemas de producción tradicionales, que dependen del pastoreo en libertad, han contribuido a la degradación del suelo a medida que el pastoreo se expandía hacia ecosistemas de páramo sensibles. Esta situación afecta tanto a la disponibilidad de agua como a la capacidad de recuperación del ecosistema.

El proyecto también detectó un aumento de la migración estacional, ya que muchos hombres -sobre todo de las generaciones más jóvenes- emigran a centros urbanos o a grandes fincas agrícolas para realizar trabajos de temporada, dejando a las mujeres la responsabilidad principal de la ganadería y la gestión de los recursos hídricos. A pesar de su papel clave en el mantenimiento de la producción agrícola y las actividades de conservación, las mujeres se han enfrentado a menudo a barreras que limitan su participación en los procesos de toma de decisiones y su acceso a los recursos. Reconociendo este desequilibrio, el proyecto trabajó activamente para promover el liderazgo y la participación de las mujeres.

Cada comunidad indígena kichwa posee la titularidad de las tierras comunales y mantiene sistemas de gobierno tradicionales a través de consejos comunitarios elegidos. Estas estructuras proporcionan la base para la toma de decisiones de la comunidad, pero los residentes también suelen estar integrados en densas redes de organizaciones de base basadas en sus actividades e intereses económicos. Existen aproximadamente 35 organizaciones de base en la parroquia, entre las que se incluyen asociaciones de productores, empresas comunitarias dedicadas a la producción artesanal de queso, asociaciones ganaderas y lecheras, así como grupos especializados como una asociación de mujeres artesanas con sus propias cooperativas de crédito para apoyar su producción textil. Dos asociaciones -Cruzpampa y Verdepampa- representan los intereses económicos de los productores lácteos de las comunidades.

Las comunidades indígenas de la región son políticamente activas y se organizan con éxito a través de partidos políticos para defender sus intereses. Por ejemplo, el actual alcalde del cantón Guaranda, que incluye la parroquia de Simiátug, está afiliado al partido político indígena nacional, el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik. Además, la Fundación Runacunapac Yachana (FRY), una organización indígena de segundo nivel, desempeña un papel de coordinación con las comunidades y sus organizaciones de base.

El proyecto identificó dos tipos de organizaciones que desempeñan papeles cruciales en la gobernanza y la gestión del agua en el paisaje: las Juntas de Gestión del Agua Potable conocidas como JAAPs2 y las Juntas de Riego y Drenaje (JRDs3). Simiátug cuenta con 46 JAAP y 17 JRD, cada una de ellas gestionada por dirigentes elegidos entre sus miembros. Estas entidades operan a escala de microcuenca y son responsables de la gestión de los sistemas de abastecimiento de agua tanto para consumo humano como para riego, del mantenimiento de las infraestructuras y de la mediación en los conflictos entre los usuarios. Para acceder al agua, los miembros deben contribuir al trabajo comunal, pagar cuotas mensuales y participar en las reuniones de la junta directiva.

Para asegurar sus derechos sobre los recursos hídricos, estas organizaciones solicitan concesiones al Estado para evitar que otras partes interesadas, como las empresas mineras, reclamen el acceso. Sin embargo, el proceso de registro de las concesiones de agua es complicado y la mayoría permanecen en un estado informal. Esto se debe, en parte, a la burocracia y al hecho de que las comunidades de Simiátug deben viajar a Guayaquil, en el sur de Ecuador, para realizar los trámites, que implican un tiempo y unos costes considerables.

La gobernanza en Simiátug se estructura en tres niveles: parroquial, cantonal (municipal) y provincial, a través de los Gobiernos Autónomos Descentralizados (GAD)4). Los GAD desempeñan papeles clave dentro de una jerarquía de gobernanza vertical y de interacciones interjurisdiccionales. El GAD parroquial de Simátug -el nivel de gobierno más cercano a las comunidades- celebra reuniones mensuales con los representantes comunitarios. El GAD municipal de Guaranda -el nivel jurisdiccional que supervisa Simiátug- gestiona la titulación de tierras, el desarrollo económico y la política medioambiental. A nivel provincial, el GAD de Bolívar es responsable de la planificación, la producción y la política medioambiental. Dado su compromiso con la conservación, el GAD de Bolívar es considerado un fuerte aliado por el proyecto Paisajes Andinos.

Procesos multipartitos

Diversos procesos con múltiples partes interesadas apoyan la aplicación de la GIP facilitando el diálogo, la coordinación y la toma de decisiones entre los actores clave. Estos procesos y espacios son mecanismos esenciales para abordar las lagunas de gobernanza, resolver los conflictos sobre el uso de la tierra e integrar criterios de sostenibilidad a largo plazo en el paisaje. Para desarrollar una estrategia de GIP, el proyecto Paisajes Andinos colaboró con las partes interesadas del gobierno en múltiples niveles, alineando las acciones con los marcos de planificación existentes. Estos esfuerzos se integran en las estructuras de gobernanza y contribuyen a alcanzar los objetivos de conservación a largo plazo.

A nivel provincial, el GAD de Bolívar convoca la Mesa Intersectorial de Agua, Tierra y Páramo5creada en 2022. Esta plataforma combinó ocho mesas técnicas anteriormente independientes – cada una dedicada a temas específicos como el agua, los páramos, la producción y los corredores biológicos – en una estructura única, más integrada y operativa. Reúne a representantes del GAD provincial de Bolívar, así como de los GAD municipales y parroquiales, de ministerios nacionales (en particular del MAG y del MAATE), de organizaciones internacionales de cooperación no gubernamental (como CONDESAN, GIZ, FPH y FEPP), de universidades y de federaciones y organizaciones indígenas y campesinas. El objetivo de la mesa redonda es compartir información sobre proyectos o programas y potenciar las sinergias entre las partes interesadas a través de una mejor coordinación en toda la provincia de Bolívar.

Esta mesa redonda ha sido fundamental para facilitar iniciativas como la formación de brigadas comunitarias contra incendios en Simiátug, una estrategia preventiva para reducir y responder a los incendios forestales que amenazan los recursos naturales y las comunidades locales. Esta estructura también ha ayudado a reducir la duplicación de esfuerzos a nivel comunitario combinando y alineando las reuniones y reduciendo la frecuencia de las reuniones redundantes.

A nivel parroquial, el GAD de la parroquia de Simiátug convoca la Mesa Redonda Intersectorial de Simiátug.6 Esta plataforma incluye a representantes de los gobiernos municipal, provincial y nacional, pero se centra principalmente en

en amplificar las voces locales, en particular las de los representantes de la JAAP y los miembros de la comunidad. Más que un espacio de coordinación, esta mesa redonda se ha convertido en el principal mecanismo de gobernanza intercomunitaria del territorio, donde se debaten y acuerdan las decisiones clave relacionadas con la gestión de los recursos naturales y el bienestar colectivo. Las reuniones se celebran el último miércoles de cada mes coincidiendo con el día de mercado en la capital de la parroquia, lo que facilita una mayor participación. Aunque la plataforma está convocada por el GAD de la parroquia, las sesiones están dirigidas por los JAAP y los delegados comunitarios, que tienen poder de decisión sobre lo que ocurre en sus territorios.

Además, como parte de las acciones promovidas en el marco del Área de Protección Hídrica de Simiátug (APH), se creó un comité de gestión para supervisar el área y la aplicación de su plan de gestión. Cada una de las 11 comunidades de la zona del páramo, así como las JAAP y las JRD, tiene un representante con derecho a voto en el comité. Otras instituciones, como el MAG, el MAATE y la FAO, participan como observadores sin derecho a voto. Este comité no sólo garantiza una amplia representación, sino que también dirige la aplicación del Plan Técnico de Gestión del APH, que se elaboró de forma colectiva mediante diagnósticos rurales participativos realizados con las comunidades locales para analizar conjuntamente el uso de la tierra, la organización social y las prácticas de gestión del páramo. El plan sirve de hoja de ruta para priorizar los proyectos que abordan los retos territoriales y orienta las decisiones estratégicas que se toman dentro de este espacio de gobernanza.

Estos mecanismos han reforzado la colaboración entre los gobiernos locales, las comunidades y las partes interesadas del sector privado, integrando los principios de la GIP en las estructuras de gobernanza local a largo plazo.

Visión común

En Simiátug, el acceso seguro al agua, tanto en términos de calidad como de cantidad, surgió como una prioridad compartida que conecta a las diversas partes interesadas de todo el paisaje. La gobernanza del agua vincula a las partes interesadas de múltiples niveles y se ha convertido en un eje central del diálogo local entre múltiples partes interesadas, sirviendo de base para los esfuerzos tanto de conservación como de producción sostenible.

En el pasado, la seguridad hídrica no estaba necesariamente vinculada a la conservación de los páramos, ya que estos ecosistemas de las tierras altas se veían a menudo como zonas con potencial para la expansión agrícola y ganadera. Sin embargo, con el aumento de la escasez de agua en la última década, las percepciones han cambiado. Al centrarse en la seguridad del agua, el proyecto integró eficazmente las prioridades de conservación del páramo en las plataformas de gobernanza, alineándolas con los medios de subsistencia locales.

Aunque ésta no fue una visión explícitamente compartida desde el principio, el problema creciente y comúnmente percibido de la escasez de agua actuó como una fuerza estructuradora que facilitó la coordinación institucional, mejoró el compromiso de las partes interesadas y permitió la planificación de la sostenibilidad a largo plazo. A través de una colaboración continua, esta alineación implícita guió la aplicación práctica de la GIP y ayudó a dar forma a los procesos de gobernanza en curso.

Además, la FAO de Ecuador articuló una visión más amplia para la recuperación y protección de los páramos en toda la cuenca occidental de los Andes, centrada en servicios como la seguridad hídrica, el secuestro de carbono y la seguridad alimentaria. Esta visión también promueve el fortalecimiento de la producción agrícola y de las cadenas de valor, en consonancia con los intereses de los diversos grupos interesados. Por ejemplo, los representantes de los GAD provinciales y municipales reconocen que los páramos son importantes fuentes de agua potable para sus centros urbanos.

Como resultado, el agua ha servido de hilo conductor, uniendo a los miembros de las comunidades locales, las instituciones gubernamentales, las organizaciones no gubernamentales y el sector productivo. Estos intereses compartidos han facilitado la colaboración intersectorial e institucional, posicionando a la GIP como un enfoque práctico de la gobernanza inclusiva y sostenible.

Institucionalización

Uno de los hitos más importantes en la institucionalización de la GIP en el paisaje de Simiátug fue la creación de la APH-Simiátug, un logro que fue posible gracias al proyecto. Antes del proyecto, la mayoría de las comunidades de los alrededores del páramo ya habían suscrito acuerdos individuales de conservación con el apoyo de ONG como el FEPP y la FPH. Estos acuerdos informales de conservación ayudaron a iniciar la protección del páramo a nivel comunitario, pero el reconocimiento oficial a través del APH era necesario para proporcionar un respaldo legal, unificar los esfuerzos fragmentados, reforzar la coordinación institucional y garantizar una gobernanza a largo plazo y a escala de paisaje de los recursos hídricos y del páramo. El marco del APH permitió la consolidación de una estructura de gobernanza legalmente reconocida, la delimitación formal de una frontera territorial alrededor del páramo, el establecimiento de un comité de gestión designado para la gobernanza participativa formal y el desarrollo de un plan de gestión para la zona.

Una vez aprobado por el MAATE, este plan de gestión proporcionará una capa adicional de institucionalización al APH Simiátug, ya que reconocerá formalmente el papel activo de las comunidades circundantes, las JAAP y las JRD en la cogestión de la zona. El plan también alinea las prioridades comunitarias con los planes públicos de inversión y desarrollo, reforzando la capacidad institucional del territorio para sostener los esfuerzos de restauración del paisaje a largo plazo.

Varios marcos institucionales y políticos orientan y refuerzan esta iniciativa. El MAATE garantiza la salvaguarda de los servicios ecosistémicos relacionados con el agua a través de instrumentos como la Ley de Recursos Hídricos y la delimitación de Áreas de Prioridad Nacional para la Protección del Agua. Además, el Plan Nacional de Gestión Integral e Integrada de los Recursos Hídricos de las Cuencas Hidrográficas y Cuencas Hidrográficas del Ecuador busca garantizar la integridad de los ecosistemas de agua dulce para las poblaciones que dependen de ellos. Complementariamente, el Plan Nacional para la Conservación, Restauración y Uso Sostenible de los Páramos refuerza el compromiso del país con la resiliencia del paisaje y la protección de los ecosistemas altoandinos.

Para integrar los principios de la GIP en las estructuras de gobernanza, Paisajes Andinos firmó cartas de acuerdo formales con instituciones socias clave, incluidos los GAD parroquiales, municipales y provinciales. Estos acuerdos sentaron las bases para los esfuerzos de colaboración interinstitucional y el compromiso más allá de la vida útil del proyecto, garantizando que los esfuerzos de conservación y producción sostenible permanezcan activos más allá de la ejecución directa del proyecto. Esta institucionalización de acuerdos, planes y espacios de gobernanza ha contribuido a consolidar la Gestión Integrada del Paisaje como un enfoque válido, reconocido y replicable en el territorio.

Aprendizaje iterativo y adaptativo

En Simiátug, los procesos participativos empoderaron a las partes interesadas locales, reforzaron las capacidades técnicas y promovieron alternativas sostenibles a las prácticas tradicionales. Estos procesos permitieron realizar ajustes continuos en las estrategias de conservación y producción sostenible, garantizando que las intervenciones evolucionaran en respuesta a las necesidades de la comunidad, los retos contextuales y las oportunidades emergentes.

Inicialmente, el proyecto Paisajes Andinos llegó a Simiátug con el interés de conservar las zonas de páramo de la parroquia, pero sin un modelo de aplicación sencillo. Las comunidades expresaron su preocupación por la disponibilidad de agua, lo que facilitó un punto de entrada para el diálogo y la aceptación de las medidas de conservación. Para fomentar la confianza y apoyar la comprensión por parte de las comunidades de las diferentes designaciones de conservación, el proyecto introdujo a un técnico del MAG, que también era un líder indígena, lo que fomentó unos lazos más estrechos.

Además, el proyecto organizó visitas de intercambio con otras comunidades que ya habían establecido Áreas de Conservación y Uso Sostenible (ACUS7) o tenían experiencia con corredores biológicos, lo que permitió a las comunidades simiátug comprender mejor sus opciones de conservación del agua. Tras facilitar intercambios y talleres para evaluar diferentes mecanismos legales y territoriales para la conservación y la conectividad, se tomó la decisión colectiva de establecer un Área de Protección Hídrica (APH), que posteriormente se formalizó en un plan para establecer el APH Simiátug.

A medida que avanzaba el proyecto, el papel de las mujeres en la conservación y la producción se hizo cada vez más evidente, a pesar de los desequilibrios persistentes en las responsabilidades y la participación en la toma de decisiones, sobre todo en relación con las economías domésticas, la gestión del ganado, la gobernanza del agua y las cadenas de valor. Reconociendo esta realidad, el proyecto ajustó su enfoque integrando iniciativas financieras comunitarias sensibles al género que fortalecen la autonomía económica de las mujeres. Sin embargo, la plena participación de las mujeres siguió viéndose afectada por sus obligaciones como cuidadoras.

Aunque asistían a los espacios de capacitación, muchas no eran capaces de participar plenamente, ya que tenían que llevar a sus hijos con ellas. En respuesta, el proyecto puso en marcha los «Rincones de los niños», espacios seguros dentro de cada taller donde los niños podían disfrutar de actividades recreativas bajo la supervisión de adultos formados, lo que permitía a sus madres participar activamente en las formaciones o reuniones.

Estas adaptaciones permitieron a las mujeres asumir funciones de liderazgo y participar de forma significativa sin comprometer sus responsabilidades como cuidadoras. El proyecto integró una perspectiva de género en la gobernanza de la conservación a través de intervenciones específicas: talleres de formación adaptados a los horarios y necesidades de las mujeres, iniciativas financieras comunitarias que refuerzan la autonomía económica de las mujeres, e incentivos y recursos destinados a mejorar la productividad y el bienestar. Hoy en día, las mujeres representan una parte significativa de los participantes en el proyecto (51%), lo que refleja su creciente papel de liderazgo en la producción y las economías locales.

La experiencia también ayudó a remodelar el concepto de las intervenciones sostenibles en el uso de la tierra. Dado que el establecimiento del APH exigía que los ganaderos adoptaran prácticas de producción más sostenibles para reducir la presión sobre el páramo, el proyecto reconoció la necesidad de encontrar alternativas viables. Como resultado, introdujo «Centros de Servicios» gestionados por la comunidad en Cruz de Ventanas, Verdepampa y Natawa.

Estos centros proporcionan asistencia técnica básica a los residentes locales y venden suministros comprados al por mayor para las necesidades de la comunidad, mejorando así el acceso a recursos clave. Además, el proyecto contribuyó a la formación de cooperativas de ahorro comunitarias, que conceden pequeños préstamos a sus miembros y funcionan como herramientas financieras accesibles en zonas donde no existen servicios financieros convencionales. Tanto los centros de servicios como las cooperativas de ahorro comunitarias proporcionaron apoyo financiero y asistencia técnica, ayudando a superar las barreras iniciales y facilitando la adopción de prácticas sostenibles. Estos ejemplos ilustran cómo el aprendizaje temprano – posibilitado por la identificación de las barreras sobre el terreno, la participación activa de la comunidad y los intercambios con otras experiencias – condujo al diseño de soluciones a medida que mejoraron la adopción de prácticas sostenibles.

Conclusiones

El establecimiento del Área de Protección Hídrica (APH) de Simiátug representa un logro significativo, ya que sienta las bases para que la conservación del agua beneficie tanto a las partes interesadas locales de Simiátug como a la provincia de Bolívar en general. Este proceso se desarrolló mediante una gobernanza participativa, en la que las comunidades locales desempeñaron un papel central en la toma de decisiones y en la definición de las prioridades de conservación.

Aplicando un enfoque de GIP, la iniciativa consiguió equilibrar la conservación del agua con el uso sostenible de la tierra, integrando las actividades productivas y de conservación para mantener los servicios ecosistémicos esenciales. Estos incluyen la protección de las cuencas, la regulación del ciclo hidrológico y la conservación de la biodiversidad, garantizando la calidad y disponibilidad del agua para las comunidades locales.

La integración de una perspectiva de género en la gestión del paisaje ha reforzado tanto la equidad social como los resultados de sostenibilidad. Reconocer y potenciar la contribución de las mujeres en Simiátug ha sido clave para el éxito continuado de su APH.

La participación activa de socios clave, como la FAO y el GAD provincial de Bolívar, ha sido crucial para apoyar los mecanismos de gobernanza que integran el liderazgo comunitario en la gestión de los recursos naturales, garantizando la sostenibilidad del proceso a largo plazo.

  1. Área de Protección Hídrica-Simiátug ↩︎
  2. Juntas Administradoras de Agua Potable ↩︎
  3. Juntas de Riego y Drenaje ↩︎
  4. Gobiernos Autónomos Descentralizados ↩︎
  5. Mesa Intersectorial del Agua, Suelo y Páramo ↩︎
  6. Mesa Intersectorial Simiátug ↩︎
  7. Áreas de Conservación y Uso Sostenible ↩︎